“El arte de amar”

Que bello que este libro llegue a mis manos justo en este momento que estoy empezando a entender cómo va esto de amar. Ahora puedo darme cuenta de que todo mi sufrimiento provenía de la tremenda sensación de separación con respecto a los demás que sentía, y que es como si de algún modo la hubiera transcendido.

Porque de alguna manera, aunque pase mucho tiempo sola, algo muy dentro de mí, en lo más profundo, sabe que no estoy sola. Es como luz, confianza. Y eso me permite dar amor en lugar de mendigarlo. Me permite sentirme amorosa y poder reconocerlo públicamente. Es curioso como no reconocer nuestras debilidades, nuestras necesidades, nuestra vulnerabilidad, nos hace más débiles. Y tengo el compromiso conmigo misma de que cuando sea yo la que necesite pedir por derecho y no por laterales. Dicen que a quien pide se le da, si sabe lo que pide y cómo llamar.

Para poder pedir con amor y sin violencia, hay que estar en paz ante la idea de una negativa. (La violencia que se expresa en tus palabras proviene de tu propio conflicto interno). Sabiendo que no me niegas a mí, ni a tu amor por mí, si no a mi petición en concreto. Sabiendo que tal vez tú no, pero que algún otro o alguna otra me lo dará. En paz. En paz porque necesitar no es una elección, es una necesidad.

La paz que pretendemos sentir nunca puede venir de fuera, si no de dentro. Estar en paz con lo que hay dentro y con lo que hay afuera. Observar sin juzgar, describir sin condenar, percibir sin sufrir. Porque una cosa es el dolor y otra muy distinta el sufrimiento. Si duele, duele, y lo único que puedes hacer es permitírtelo sentir en PAZ. No le eches más leña al fuego: juicio, sentencia, amargura, resistencia, rechazo y un sin fin de ingredientes mágicos para quemar y dañar nuestra alma.

Deja al caldo puro y bébetelo en paz. Como todo proceso comienza y termina.

A decir verdad, el sufrimiento proviene más de la forma en que leemos la realidad que de la realidad en sí misma. El dolor es inevitable, el sufrimiento opcional. ¿Qué quiere decir esto? Puede ocurrir algo que te duela profundamente en el alma. Y puede que tú le permitas a tu cuerpo que viva el proceso sin juzgarlo. Y como todo proceso en la vida, empieza y termina, y tú en paz porque sabías que terminaría y deseabas disfrutar del proceso. Disfrutar de los sentimientos que te hacen notar que estás vivo, que eres humano, que te importa la vida. Lo vives con amor, con paciencia y con respecto. Y comienza y acaba cuando ha de hacerlo. Y al haber aceptación, hay paz. Vivir el dolor en paz. Curiosa paradoja.

Por otro lado, podría ocurrir que no te permites vivir el proceso, porque consideras que es de débiles dejarse afectar, y te enfadas contigo mismo por sentir. Y ahí es donde comienza el sin vivir. Pues al no haber aceptación nunca puede haber paz. Todo se agita, se vuelve angustiante y confuso, y de algún modo el proceso se detiene, se bloquea, se tergiversa, sin que podamos llegar a transcenderlo porque no nos dejamos vivir el proceso en paz.

Y ahí nos quedamos encerrados en nosotros mismos. Por no poder reconocer, por no poder aceptar, nos quedamos sin contactar con los demás.

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About Carmen Laura, Psicóloga Humanista

Psicóloga Sanitaria y Psicoterapeuta Humanista
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