LOS FINALES, LOS CIERRES, LAS DESPEDIDAS

Hay que ver lo que nos cuesta cerrar, despedirnos… Y lo necesario que es. Si no cierras, sino te despides es como si nunca te hubieras encontrado. Casi como si no hubiera ocurrido. Y te impide recoger la enseñanza, la lección, la vivencia, el disfrute, porque nos negamos a vivir el final.

Te pierdes lo “bueno” por no rozar lo “malo”. Y lo que es todavía más grave es que nos dificulta seguir viviendo. Porque si tienes las manos llenas de cosas, ¿cómo vas a agarrar cosas nuevas? Es imposible.

Es necesario soltar, liberar, hacer espacio, para que otras cosas nuevas puedan llegar a nuestras manos. O incluso una experiencia similar o con la misma persona, que nunca será igual, y que no podremos realmente vivir y recoger si está teñida por el pasado.

Para poder vivir en el presente, o vivir a secas en lugar de andar pensando la vida, hay que aprender a cerrar, a digerir, a despedirnos, a elaborar, a aceptar. Si no, vivimos en una experiencia que nunca empieza y que nunca acaba y que no se puede comparar con la vida. Más bien es un sobrevivir, un obsesionarte en conservar lo que fue y en querer volver a él continuamente sin dejarle crecer ni evolucionar. Nos quedamos atrapados en el mundo de nunca jamás como Peter Pan.

Cuando no cierras, cuando no te despides porque no aceptas que en la vida todo es impermanente, te ahogas, te angustias, te desesperas, te pierdes, te confundes. Has perdido una preciosa oportunidad de encuentro, de encuentro con la vida, con el otro, con tu interior, con su interior. Te quedas como vacio. Nublado por la pérdida sin poder si quiera llegar a imaginar toda la ganancia. El miedo nos ciega y nos impide recoger todo el amor y la vida contenida en el momento. Buscamos la intensidad emocional pero cuando la tenemos delante rehuimos. Buscamos la vida sin darnos cuenta de que la tenemos delante.

“Todo encuentro es una despedida, y toda despedida es un encuentro”, Omar Paladini.

Cuando no confiamos en la vida tenemos miedo a soltar por si nos quedamos sin nada, aunque eso signifique renunciar a estar vivo. Cuando confías sueltas con alegría porque sabes que lo mejor está por llegar, y llegará precisamente porque esto se acabó, porque esto se transformó, porque esto se cerró. Es como si supieras que al final de la historia todo tendrá sentido. Porque como yo digo: “Las historias no pueden ser contadas hasta que no han sido vividas”. No se pueden adelantar los acontecimientos y mucho menos querer controlarlos porque nos quedamos sin vivencia. ¿Y qué es un pensamiento comparado con una vivencia? Nada. Es humo. Y la vida es fuego. No te quedes mirando figuritas de luz, las sombras tras la candela. Zambúllete en la hoguera de la vida y contacta con seres de verdad. Porque a veces la realidad supera a la ficción.

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About Carmen Laura, Psicóloga Humanista

Psicóloga Sanitaria y Psicoterapeuta Humanista
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