RUTINAS DE AUTOCUIDADO

Hablarnos, cuidarnos, dedicarnos tiempo, escucharnos, hacer pactos, comprendernos, hacer cosas con las que disfrutemos a solas. Es algo que debemos hacer todos los días de nuestra vida. Es un trabajo que no termina nunca. Solo solemos acordarnos de cuidarnos y dedicarnos tiempo cuando estamos mal. Buscamos ayuda, intentamos crecer y cuando nos sentimos mejor paramos de cuidarnos. Porque el ritmo de la sociedad no está programado para ello, por lo que hay que hacer un gran esfuerzo consciente y de disciplina amable para poder encontrar nuestros tiempos y espacios que dedicarnos. Además, da como vergüenza reconocer que te relacionas con tu interior, y más afirmar que tienes una buena relación. Pero es muy gratificante y sanador. Y como tú eres el filtro con el mundo, ¡vigila como tienes el filtro!

La buena noticia es que si no dejamos que se acumule el trabajo y lo convertimos en rutina como lavarnos los dientes, teniendo en cuenta que establecer nuevas rutinas es un trabajo en sí, no necesitaremos un gran esfuerzo para estar bien con nosotros mismos cuando las cosas se compliquen. Es como el ejemplo de los platos sucios, no es lo mismo limpiar poco a poco lo que se va ensuciando a diario, que esperar una semana y encontrarnos con la pica llena hasta los topes. Ahí lo último que deseas es ponerte manos a la obra, pues se ve como interminable. Pero el punto es que si no empezamos a limpiar la montaña seguirá creciendo, seguiremos acumulando trabajo para el futuro. Otra opción sería tirar la vajilla y comprar una nueva, o pagar a alguien para que nos lo limpie. Pero, ¿sabes qué? Que nosotros no nos podemos tirar a la basura y comprar otro yo nuevo, ni nadie puede hacer nuestra limpieza interior por mucho dinero que le paguemos ni por mucho interés que tengo en hacerlo. Simplemente, no es posible. Somos los únicos que podemos hacernos responsables de nuestra vida y que ello se refleje en nuestro bienestar y equilibrio personal.

Uno de los puntos importantes para realizar este trabajo interior es identificar las voces que hay en nuestro interior. Al principio, esas voces se generan en la relación con las personas significativas de nuestra infancia. Pero luego se incorporan a la psique y funcionan solas. Todo ocurre dentro del individuo, la persona acaba haciendo suya las voces y ya no necesita que haya otro recordándole eso que tanto le afecta. Pues lo hacemos nosotros solos continuamente. Y lo peor es que como nos identificamos con nuestra mente acabamos creyéndonos que es verdad todo lo que nos decimos. Una forma de identificar de donde vienen esas voces es preguntarnos: ¿Quién dice o decía eso de mi?, ¿Quién dice que yo no valgo?, ¿Quién dice que yo no puedo?, ¿Quién dice que eso no es suficiente o que eso no es correcto?

El bienestar emocional es cosa de todos, y para todos. No dejarlo solo para psicólogos y personas que sufren extremadamente. Todos tenemos algo que hacer y decir al respecto. Nos incumbe a todos. Hay que normalizar la vida interior, igual que tenemos rutinas de cuidado corporal, debemos crearnos rutinas de cuidado emocional. Todos los días, no dejar que se acumule como los platos sucios. Lo mismo que no te planteas si es importante lavarte los dientes o no a diario, y te los lavas. Que llegue un momento que te cuides casi sin darte cuenta, como un hábito, donde no te planteas si hay que hacerlo o no, simplemente lo haces porque sabes que es bueno para el buen funcionamiento del sistema, en este caso el cuerpo humano. Alimento para el alma, que no solo por el estómago se nutre el cuerpo. Darnos y dar la oportunidad de expresar, de compartirnos y de sanar. Aceptarnos, aceptar. No esconder, no escondernos, todos somos humanos y la vida es cíclica para todos. Y como dice una canción del Bicho: “no te escondas más, que te vas a perder”.

Nuestro niño interior se cree que es nuestro cuerpo, nuestro ego y nuestra oscuridad, pero también es nuestra luz, nuestra alegría, y todo el amor que llevamos dentro. Si negamos una parte es como si nos negáramos enteros. El niño se siente rechazado y abandonado, pues no es escuchado y comprendido en sus momentos más oscuros por lo que difícilmente permitirá que aparezca la luz. Pues hemos cortado el canal de conexión, hemos cerrado la puerta de salida, y se cierra con todo, con todo lo que hay dentro. Todo eso de lo que tanto huyes eres tú, huyes de tu alma, cargándotelo todo por el camino.

Un dato curioso que me gustaría compartir, y es que yo siempre hablaba de mi lado oscuro, de todo eso que tengo dentro que me hace mal y de lo cual huyo. Pero por otra parte buscaba mi interior, y no lo encontraba. Y cuál fue mi sorpresa cuando en unas dinámicas de grupo me dijeron que eso que yo llamaba mi lado oscuro era mi interior. Vaya cara se me quedó. A ratos todavía me pregunto, ¿en serio? Pero me ayudó mucho a entender porque no era capaz de encontrar mi interior. Me ayudo a ver que no era posible encontrar mi interior huyendo de mi lado oscuro, puesto que se trata de lo mismo. Y aunque al principio desconcierta y llega a ser incluso molesto, te ayuda a la hora de plantearte nuevas estrategias vitales y a entender que hace que las que tenías no funcionaran.

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About Carmen Laura, Psicóloga Humanista

Psicóloga Sanitaria y Psicoterapeuta Humanista
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