Somos nuestro filtro con el mundo

Somos el filtro entre los mensajes que llegan de fuera y nuestro interior. Filtramos los datos que son relevantes para nosotros, puesto que nuestra capacidad atencional es limitada, y la cantidad de datos que podemos recoger en un preciso instante es limitada también. Traducimos, a través de nuestros códigos y creencias, usando un contrato unilateral, que solo ha sido firmado por nosotros. Sesgamos los datos reales, usando unas gafas cuyos cristales están impregnados por nuestras creencias, adaptando los datos que recogemos para que confirmen nuestras creencias.

Según como sea el filtro puede ser una membrana protectora (flexible), una coraza asfixiante (rígida) o podemos estar desprotegidos (depender totalmente  del entorno). Nuestra mente (nosotros mismos) puede llegar a ser nuestro peor enemigo o nuestro mejor aliado. La cuestión no es qué nos ocurre, sino qué nos contamos sobre lo que nos ocurre, cómo lo vivimos. Este punto es el que en última instancia nos afecta. Pues cuando no hay enemigos interiores los enemigos externos no pueden hacernos daño. Además, vemos y tratamos a los demás como lo hacemos con nosotros mismos, y a la inversa. Por lo tanto, si no nos queremos y no nos aceptamos, difícilmente podremos hacerlo con otros.

Debemos ser nuestros propios padres cuidadores porque nadie podrá hacerlo por nosotros. Además, nunca volveremos a experimentar tanta indefensión como lo hicimos en nuestra infancia, aunque nos pueda llegar a parecerlo. No debemos olvidar que es nuestra responsabilidad dar luz y comprensión a nuestras sombras, hay que tener en cuenta que esos mecanismos sirvieron para algo, nunca nada es gratuito. Y no hay nada más sanador que comprenderse a uno mismo. También es necesario conectar nuestro niño con nuestro adulto, para que el primero pueda usar los recursos del segundo. Como adultos responsables de nosotros mismos que somos, necesitamos llevarle los recursos emocionales del adulto que somos a nuestros niños interiores, nos necesitamos a nosotros mismos para llevarle los mensajes positivos que nuestros niños asustados no pueden escuchar debido a sus creencias, además de los recursos físicos reales que no vemos desde la posición del niño, que sigue creyendo que dispone de los mismos recursos que poseía cuando hubo de crear ese mecanismo de defensa. Debemos conectar al alumno con el maestro, conectar la parte emocional con la racional, para poder usar la información actualizada de la que disponemos en todo momento. Y poder por ello, responder al presente en lugar de reaccionar al pasado.

Además, la vida es cíclica y necesitamos poder aceptarla como viene. Necesitamos aprender a relacionarnos con la incertidumbre de la vida. Verlo como una oportunidad, no como algo horrible. No limites las infinitas posibilidades del universo decidiendo de antemano como será tu futuro. Abre tus alas y confía. Es como el ejemplo de un águila agarrada a un acantilado que para poder desplegar sus alas ha de soltarse del precipicio, pero para poder soltarse ha de confiar en sus alas. Si no lo hace, lo único que le queda es vivir aferrado al acantilado, con la angustia y el cansancio que ello conlleva. Es lo contrario de la metáfora del pájaro que no tiene miedo de que se rompa la rama, porque la confianza está puesta en sus alas, y no en la rama.

CONTINUARÁ…

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About Carmen Laura, Psicóloga Humanista

Psicóloga Sanitaria y Psicoterapeuta Humanista
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