El tiempo que siempre está presente

Mujer de poca fe, ¿cuántas veces me habrán dicho esa frase? Mujer de poca fe. Más que fe, me doy cuenta de que no tengo paciencia. Cuando quiero algo lo quiero ya, aquí y ahora. Como si por el simple hecho de desearlo tuviera que ocurrir. Me olvido que hay que trabajar en la siembra para poder recoger frutos. Y aunque voy sembrando se me pasa por alto disfrutar del proceso porque tengo la creencia que la felicidad está al final, en el resultado. Como si la culminación de un proceso pudiera compararse con el disfrute del proceso en sí mismo. Es como si vamos a una clase de baile y decidimos que no disfrutaremos del baile hasta que no haya acabado la clase y veamos que hemos bailado, como si lo placentero fuera darte cuenta de que bailaste, más que disfrutar de bailar en sí. Cuando bailar es un fin en sí mismo. Como vivir también lo es. Porque uno disfruta de estar vivo cuando disfruta vivir, no cuando disfruta de pensar que vivió. A mí me pasa muchas veces y me acabo haciendo un lío. Deseo que llegue una fecha señalada, y cuando por fin llega, me preocupo de tantas cosas en mi cabeza comparando el ideal con la vida, que cuando echo cuentas ya ha pasado ese día tan importante. Y me autoconsuelo pensando en los momentos que viví, que disfruté sin darme cuenta de que los estaba viviendo. Y es una sensación agridulce. Como que deseas poder volver a atrás para realmente experimentar esa vivencia desde la calma que te da la distancia. Pero no es posible, porque ese tiempo ya pasó. Pero, ¿te digo un secreto? El presente siempre está presente, por lo que siempre y en todo momento existe la posibilidad de experimentarlo, de notarnos que estamos vivos, de disfrutar del momento presente. Que no es más que todo lo que puedes percibir por tus 5 sentidos en este preciso instante. Mira, huele, siente, escucha, saborea. Pero no lo juzgues, simplemente obsérvalo, todo es bello tal y como es, a su manera. Y tiene un sentido en sí mismo para ser como es. ¿De qué te sirve engañarte falseando la realidad a tu antojo?, ¿No es más enriquecedor aprender de ella y entender sus sentidos que los tiene, y sus no sentidos que también los tiene, y también son bellos? Todo es perfecto tal y como es. Aunque no nos guste. Y ahí está el quit de la cuestión, la importancia que le damos al me gusta/no me gusta. Es algo adaptativo para la especie, ¿por qué enfadarnos por tener sentidos y percepciones? ¿Por qué no aprovecharlos y disfrutarlos? Es una guía, no una condena. Guía, brújula, alarma… ¿Qué hace que en lugar de aprovechar este conocimiento interno y profundo para guiarnos por nuestra vida prefiramos desconectar la alarma?  Preferimos vagar sin rumbo que hacernos cargo de lo que sentimos, preferimos vivir anestesiados que sentir el dolor que llevamos dentro, con todo el coste que a la larga genera. Como si la condena del sin sentido y la desconexión no produjera más dolor y sufrimiento al final de cuentas. RESPIRA, SIENTE, VIVE.

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About Carmen Laura, Psicóloga Humanista

Psicóloga Sanitaria y Psicoterapeuta Humanista
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