¿Hace falta un camino espiritual para llegar a la plenitud?

Yo creo que no. Como leí en un libro hace tiempo, la espiritualidad comienza con la cicatrización emocional, con la sanación. ¿Entonces, por qué pretendemos saltarnos un paso? Una cosa es que sientas la llamada de lo transcendente y otra que huyas de tu atormentada vida refugiándote en un credo para aliviar tu malestar y tu alma. Porque, ¿sabes cuál es la trampa? Que seguirás sufriendo pero dándote otras explicaciones, y en vez de buscar las respuestas en tus padres, como cuando niño, las buscarás en tu gurú, pero, ¿has probado a buscar en ti? Parece que eso es lo último que se nos ocurriría, porque nos han enseñado que nosotros no sabemos cuidarnos, que debemos ir a un médico o un especialista que nos diga que nos pasa por dentro, ¿de verdad? ¿De verdad alguien que no me conoce de nada y no sabe nada de mi vida va a saber mejor que yo qué es lo que me pasa y qué es lo que más me conviene? Y me pregunto, ¿cómo puede saberlo si no lo sé ni yo? Misterios de la vida…

Entonces decidí seguir mi camino y contra mi propia intuición buscaba fuera, convencida de que yo no sabía, de que yo no podía. Cuando había muchos que sí que podían, que se dedican a darme consejos de como estar feliz porque sí. Y yo digo porque sí no, si estoy feliz es porque algo me hace feliz, si estoy feliz es porque mi llanto me conecta con la vida, con el mundo, conmigo, con mis verdaderos sentimientos, con mi interior, y hay un calor y una luz en eso que no lo cambiaba por todas las fiestas del planeta. En los últimos días hay algo que estoy comprendiendo y no sé muy bien el que. Son ideas que me han acompañado siempre pero que no terminaba de definir y de identificar. ¿Y sabes que es lo que creo que no me lo permitía? Que me dijeron que tenía que aprender una nueva forma de vivir. Vale. Entonces, intenté crearlo todo de nuevo, siguiendo sus prescripciones de lo que hay que hacer para estar bien, pero me sentía tan falsa que pensaba que nunca saldría del hoyo, y lo que es peor, no lo haría porque no quiero, porque no me esfuerzo en salir, porque no me esfuerzo en ser otra persona, tengo que aprender lo que me enseñan para crecer como ellos. Y lo irónico es que, ¿sabes cómo llegué a crecer? Dejando de esforzarme en ser otra persona, dejándome ser todo lo que soy con todo lo malo y con todo lo bueno. Y al dejar salir todo lo que hay dentro, pude observarlo, ver de dónde viene, qué es lo que de verdad me duele, lo que me preocupa, lo que me sana… Vamos, al fin al cabo, entenderme. Como yo digo: “sigo con las mismas tonterías, solo que las vivo de otra manera”. Pero para ello tuve que dejar que se presentasen como quisieran, que me confundieran, que me hicieran pasarlo mal,  que me conectaran con cosas que no quiero, que me hicieran huir, que me enfadara, que me revelara, que me mostrara. Y claro, al principio todo es caos, y más si las personas que te rodean no entiende lo importante que es ese movimiento para ti, aunque ahora de miedo. Y lo más gracioso es, que cuando ya comienzo a sentirme mejor, cuando comienzo a darle voz a lo que hay a mi interior, aunque todo lo que salga no sea bonito, viene la gente y me pregunta que si estoy bien. ¿¡Hola!? Llevo 2 meses llorando por las esquinas y has huido de mi dolor, y ahora que más serenamente me conecto con mi interior, me preguntas si estoy bien. La verdad es que me enfada bastante. Pero si transciendo mi enfado, me aparece una pregunta: ¿Qué hace qué necesites que no conecte conmigo y busque mi camino?, ¿Cuál es tu miedo?, ¿Qué es lo que te mueve por dentro escuchar mi experiencia?, ¿Será que no cuadra con tu forma de ver la vida y te da miedo que mis cavilaciones te hagan dudar? Si es eso, no pasa nada, yo también lo hago a veces, pero no me dejes seguir creyendo que está mal y es dañino para los demás que yo me escuche y me exprese. Lo siento por el daño que pueda causarte, pero esta mordaza ahoga, y como ahora me doy cuenta de que soy yo la que tengo el poder de mantenerla o retirarla, decido retirarla. Tendrá sus consecuencias, seguro, el precio de ser uno mismo. Pero cada día tengo más claro que donde hay más consecuencias horribles y desesperantes en con ella puesta, muerte en vida. Si nuestros antepasados han sobrevivido gracias a sus emociones y sus intuiciones, ¿por qué habría de desaprovechar yo este recurso? Porque esas no son las reglas del juego, ¿verdad? Pues de nuevo, lo siento, siento ser yo misma, siento saltarme las reglas del juego.

Y claro, tomando esta decisión tan liberadora e importante en mi vida, voy y me doy cuenta de que yo ya hacía y sentía todas esas cosas sagradas que sanan y te hacen crecer, que es algo espontáneo e intrínseco al ser humano, estoy convencida que aunque no hubiera puesto tanto empeño en ello se hubiera dado. Y entonces, ¿por qué no podía verlo antes? Y aquí es cuando me entra un poco el cabreo de nuevo. Pues creo que no lo veía porque no me ayudaron a identificarlo. Los iluminados te lo explican todo con palabras complejas y te hablan de experiencias lejanas de otros continentes, pero lo que ninguno te dice es que esas sensaciones tú ya las has experimentado aunque ahora no lo recuerdes o aunque no hayas sido consciente de ello. Por ejemplo, quien no ha sentido alguna vez que una palabra no era la correcta, tienes como una incomodidad dentro, y cuando consigues dar con la palabra hay un alivio interno y un bienestar corporal que te dice que esa era la palabra que buscabas. Esto es un movimiento de Focusing, y te lo explican y piensas que guay. Pero luego pensé que mierda, pero si yo esto lo he hecho un montón, pero en el camino de olvidarme de mí, me olvidé también de mis sensaciones físicas. Y de nuevo, pienso, entonces, ¿por qué esa necesidad de hablar de hechos mundanos y humanos como cosas de otro planeta que todavía no están a tu alcance porque tienes que subir de nivel? Vaya tontería, conozco gente superinculta más sabia que más de un catedrático o cura. El poder de las apariencias, creo que no hay nada que odie más que eso. Creo que eso es lo que me mantiene alejada de Sevilla. Pero si transciendo de nuevo el enfado, que es algo que me acompaña mucho, me doy cuenta de que no soy la única que siento esto. Como leí ayer el corazón emite una onda electromagnética que alcanza hasta los dos metros, o sea, que esa vibración que yo siento la notan más personas, aunque no les moleste tanto como a mí y no necesiten revelarse desesperadamente como me ocurre a mí. Y entonces, si vivo esto con calma y con consciencia, en lugar de con ansiedad y culpa, en lugar de enfado siento compasión. Puedo ver en ellos la parte de mí que está amordazada, y sin yo querer y sin que ellos quieran, me conecto con su dolor porque los comprendo. Lo hacen lo mejor que pueden, como yo. Y es raro, pero aunque no diga nada, ese movimiento interno hace que cambie lo que ocurre fuera. El otro al sentirse descubierto desde la complicidad y no desde el juicio abandona su traje y se abre, aunque tampoco no diga nada, y así la tensión se libera y da lugar a que aparezcan más cosas o a que podamos ver las que ya están, en lugar de gastar la energía en intentar no tocar y/o contactar con el otro, porque es algo incómodo y que da vergüenza. Entonces, ¿cómo piensas crecer?, ¿cómo piensas compartirte?, ¿cómo piensas nutrirte?

Todas esas cosas ya están en nosotros, hay recordarlas, no aprenderlas. Más bien, habría que desaprender todo lo que se interpone en nuestro impulso natural de vida. Hay muchas personas que me dicen que están bien, que no sufren y yo digo vale, eres afortunado porque tu vida no te haga infeliz. Pero si no hay ningún problema ni ningún miedo, ¿por qué no exploras la vida con la inocencia y la confianza de un niño?, ¿por qué te quedas agazapado en una esquina?

Afortunadamente no tenemos que irnos a vivir a un monasterio, que por otro lado sería muy fácil. Lo difícil es vivir en paz formando parte de la vida que nos ha tocado vivir.

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About Carmen Laura, Psicóloga Humanista

Psicóloga Sanitaria y Psicoterapeuta Humanista
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